Relaciones: La búsqueda del faltante interno

01.06.2016

 

En estas lineas que siguen, realizamos el abordaje de las relaciones en general, y las de pareja en particular, desde un punto de vista distinto, un punto que se sitúa y observa más allá de quienes las componen.

Cualquier relación implica el desarrollo de un conflicto, y tiene siempre implícito un potencial (al igual que un síntoma físico) de aprendizaje y trascendencia.

En un conflicto, como en una relación, tendemos a mirar en búsqueda de la solución, dentro de la misma relación identificándonos con una parte de ella. En este post, vamos a mirar la lógica que existe más allá del conflicto y de la relación, y que mecanismos los preceden. ¡Allá vamos!
Nuestro árbol genealógico, por motivos que hacen a la supervivencia del clan, sigue un principio de buscar recrear o "traer" a la realidad actual del árbol, a quienes en su momento no han resuelto su existencia: Excluídos, abandonados, fallecidos en circunstancias trágicas o no resueltas, etc. Es decir, la pareja o las relaciones en general externas al árbol se estructuran en base a esos conflictos/aprendizajes sin resolverse generaciones atrás, por lo que vamos en la búsqueda de quien nos represente esa experiencia, que requiere ser resuelta.

A través de las experiencias en sesión, hemos visto que las relaciones de pareja casi en su totalidad (el casi es para dejar un pequeño margen de excepción) se estructuran y desarrollan, para traer al presente una historia no resuelta del clan o de la persona en relación a otro miembro del árbol genealógico. A modo de ejemplos, hemos observado relaciones que repiten la estructura lógica de un conflicto: Un padre golpeador y violento, conlleva traer una pareja que, a través de la violencia, nos permita integrar y comprender la violencia de ese padre, repitiéndola. Un abuelo que le era secretamente infiel a la abuela, nos hará traer a nuestra realidad la infidelidad, para tener la posibilidad de entender el dolor de esa abuela. Un padre marinero, viajante o ausente, nos hará buscarnos un marido que tarde o temprano tendrá que viajar, para que podamos trascender la carga que generó en el pasado esa ausencia. Una bisabuela que para no morir de hambre tuvo que prostituirse, nos hará ir en busca de mujeres que generen una gran atracción sexual en los demás hombres, para trascender los celos. Hemos visto también, que una relación de peleas y discusiones con el padre o la madre, implicará atraer una pareja que actualice en el presente esos conflictos abiertos en el pasado, con el propósito de cerrarlos en el hoy.

Como vemos en estos ejemplos, y en muchos otros, las relaciones se estructuran siempre en base a una perspectiva incompleta de nosotros mismos: Somos una hoja del árbol, pero también somos el árbol. Somos el otro y somos un eco de los que nos precedieron. 

Eso que nos genera la sensación de que debemos completarnos, es el conflicto abierto, incompleto, en nuestra vida o en el árbol. Es nuestro inconsciente el que busca completar su faltante, porque lo que en realidad falta, es una resolución de una historia. Y sabemos que todo lo que no está resuelto, se repite. Lo que observamos en cada sesión, en cada historia que nos llega, es que vivimos la ilusión de estar eligiendo nuestras relaciones, creyendo que nos gusta su cara, su personalidad, o lo que sea; cuando en realidad desde lo profundo somos operados por un inconsciente que busca resolver sus historias inconclusas a través de nuestra realidad actual. 

Entonces, ¿cómo podemos generar relaciones plenas? Por un lado, comprendiendo los patrones repetitivos en la perspectiva del árbol. Estos patrones pueden ser lo que compartimos arriba, u otros. Cada árbol, cada historia es única. Aunque sigue siempre la lógica del faltante, los hechos puntuales son siempre únicos y muy diversos. Los aspectos que generan conflicto en una relación, son los hechos a buscar en el pasado, para así comprender que estamos repitiendo una historia. Luego, haremos el camino de reconocernos en esa historia, un camino de aceptación desde una perspectiva neutral, que nos permita gestionar la carga conflictiva, la cual no es más que el producto de una forma limitada de percibir la realidad. Reconocer ese límite de nuestra percepción nos permite abrirnos al entendimiento de que la otra parte del conflicto, no es más que el polo opuesto desdoblado, de una misma unidad.

Sólo desde esta observación puede surgir el verdadero amor, que solo aparece cuando se corre del medio la necesidad, que lleva implícito el   llenar un faltante. Y como vimos, la base de esa necesidad, es el anhelo del árbol de completar una falta (en ambos sentidos) para trascenderse a sí mismo. En definitiva, el amor es lo que queda cuando todo lo demás se ha hecho consciente. Cuando la necesidad de repetir pasado, ha sido vista y trascendida. Cuando reconocemos en nosotros eso que alguna vez creímos que nos faltaba, y tuvimos que ir a buscar en otro.

Una vez que los patrones de la necesidad han sido integrados, sólo nos queda la elección plena de compartir esta maravillosa aventura con alguien más. 

 

 

 

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